Seminario en el taller de un pensamiento
Organiza:
Facultad de Filosofía UCM
Dpto. de Lógica y Filosofía teórica
Proyecto Deduktion
22 y 23 marzo 2021
Retransmitido online por google meet
Ver programa completo del Seminario
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«Acceder a esta Revolución Ontológica y Hermenéutica tensa las voces críticas de este número monográfico, proyectado al futuro anterior de la verdad del ser y el espacio del Bien que piden abrirse camino, otra vez, en medio de nuestra racionalidad crítica transformada. Se ha terminado la legitimación de la violencia explotadora del hombre y de la naturaleza. Comienza la Historia del Ser que ya nos estaba desde siempre aguardando. Heidegger (y su primer fracaso) indican tanto la fuerza como la indeterminación del extravío de los caminos imposibles. Pero una vía queda: saltar al Espacio-Tiempo del darse (ocultarse) de la Diferencia del ser. De la destinación-mesura y criterio del ser.»
acceder a los artículos de esta publicación en pensamientoalmargen.com
Coordinado por el Profesor mexicano Bily López (UNAM-UACM), este volumen que presentamos reúne las aportaciones de grandes maestros/as, como son el filósofo italiano Gianni Vattimo, de quien este volumen contiene su última entrevista filosófica inédita, la filósofa española Teresa Oñate, y las filósofas mexicanas Greta Rivara y Mariflor Aguilar, quien por su parte lleva a cabo el Prólogo a esta edición, junto a algunos de sus más distinguidos discípulos: Gaetano Chiurazzi, Nacho Escutia y el propio Coordinador de esta reunión, el Prof. Bily López. Esta obra, donde México, España e Italia se dan la mano para clamar contra el in-mundo que nos asola y destruye, así como para delinear desde las propias voces críticas y debilitadoras de sus autoras y autores los horizontes alternativos que cabe trazar desde la ontología hermenéutica crítica, que se sabe ya plural y diferencial, ha sido co-editada por Fénix Filosofía Ed. (Sevilla, España) y Editorial UNAM (Ciudad de México). Inaugurando asimismo la nueva Colección «Hermes» (Dirigida por T. Oñate) de la editorial sevillana. El libro ya se encuentra ya disponible para su adquisición (vía online o solicitándolo a través de vuestra librería de confianza) en España, Portugal, México, Argentina, Perú, Colombia, Uruguay, Brasil, Ecuador, Reino Unido, EEUU…
La UNED ha celebrado la I Edición de los Premios Internacionales Hercritia-Santander. Unos galardones que nacen con el objetivo de incentivar y reconocer la excelencia investigadora en Filosofía y Pensamiento Crítico de los más jóvenes: doctoras y doctores y alumnado de máster que hayan llevado a cabo sus Investigaciones en el curso académico anterior, haciéndose cargo de la perspectiva propia de la Ontología Hermenéutica Crítica escrita en español.
Serie: Cátedra HERCRITIA
Ricardo Mairal Usón rector, UNED
Rosa María Martín Aranda Vicerrectora de Investigación, Transferencia del Conocimiento y Divulgación Científica y Vicerrectora Primera, UNED
María Teresa Oñate y Zubía catedrática filosofía y codirectora Cátedra Hercritia-Santander, UNED
Ángel Gabilondo Pujol presidente de Hercritia
Javier Leiva Bustos Premio Teresa Oñate: Un Tiempo Estético. Ontología y Hermenéutica
Ana Meléndez Vivó Mención honorifica por la tesis “El concepto de trauma”Vicente I. Sánchez Moncho guion y realización
Con la colaboración de Santander-Universidades
Ver grabación completa del Acto de entrega de los Premios Hercritia
Por Francisco José Martínez

Vivimos tiempos apocalípticos: de los cuatro jinetes el único que por ahora nos falta (al menos en el centro , en la periferia es otra cosa) es la guerra, pero la enfermedad, el hambre y la muerte campan por sus respetos por nuestras sociedades tardocapitalistas. Nuestra época es una era de angustia en la que la concatenación de miedos concretos y parciales genera una ansiedad vaga y omnipresente, sin causa definida. El Antropoceno es nuestra época: un momento en el que la intervención humana sobre el planeta no solo produce la destrucción de éste sino que comienza a afectar al conjunto de la población mundial.
La globalización transmite en tiempo real los efectos de los sucesos locales dotándolos de una dimensión planetaria, eliminado las distancias y dificultando el aislamiento de los problemas. Los daños que hasta ahora solo afectaban a los países periféricos, golpean ahora en el centro del sistema, introduciendo una ‘democratización ‘ macabra del mal, que recuerda las danzas de la muerte medievales en las que el esqueleto arrastraba a todos sin distinción de sexo, origen o condición. Los ciclos naturales localizados han extendido su radio de acción al conjunto del planeta. No deja de ser paradójico que lo único que se extiende por toda la tierra libremente sin que sea posible levantar muros excluyentes y protectores sean los virus.
La vulnerabilidad humana tan directamente percibida pone en entredicho los proyectos prometeicos del transhumanismo que aspira a construir un superhombre, un ciborg, síntesis de hombre y máquina, inmune a la enfermedad, a la edad y casi a la muerte. La dureza de la pandemia nos recuerda nuestra fisicidad, nuestra finitud y vulnerabilidad constitutiva, lo fatigoso de la vida y su futilidad final, el aspecto absurdo de lo humano, que se muestra, como ya decía León Battista Alberti en los albores del Renacimiento, como “casi la sombra de un sueño”.
La pandemia ha trastocado los espacios y los tiempos vitales, de manera quizás irreversible. Las limitaciones de los desplazamientos y el establecimiento del toque de queda introducen barreras en un espacio-tiempo que se desplegaba de forma continua sin ninguna interrupción, rompiendo todas las dualidades entre el día y la noche, la ciudad y el campo, el ocio y el negocio. Los confinamientos establecen un espacio celular cerrado sobre sí mismo y la prohibición de circular por la noche escinde el tiempo recortándolo. La vida queda enclaustrada en unos límites en que se muestra ensimismada. La dificultad de las relaciones personales, solo en muy pequeña parte compensada por el uso desaforado de los medios electrónicos, ha impulsado un autismo generalizado y una recentralización sobre el espacio familiar más próximo. La sociabilidad en los centros de trabajo y de estudio se ha visto también muy restringida. Todo esto refuerza el tipo de sujeto dominante en nuestra época neoliberal: un sujeto autista, egocéntrico, ‘ombliguista’, enquistado en su estrecho campo vital, con graves deficiencias comunicativas y sociales.
La respuesta a la pandemia ha sido inmovilizar la ciudad y suspender su ritmo cotidiano para sustituirlo, como dice Agamben, por un espacio y un tiempo excepcionales en el que los derechos quedan limitados y las costumbres quedan revolucionadas. Los sistemas de seguridad y control propios de nuestras sociedades, constituyentes esenciales de la gubernamentalidad neoliberal, más que restringir los deseos y disciplinar los cuerpos se basan en decir sí al deseo y en gestionar los flujos y circulación de las poblaciones y las mercancías. En la actualidad el poder , cada vez más extraterritorial , cada vez menos localizado, más que reprimir seduce mediante el señuelo del consumo, estableciendo lo que Bauman denomina los dispositivos sinópticos del capitalismo globalizado basados en los actuales medios de comunicación masiva y en la gestión de los datos, lo que permite el establecimiento de estrategias reguladoras que se anticipan y predicen a los propios hechos. Nuestras actuales sociedades duales ,escindidas en una minoría cosmopolita nómada y unas mayorías fijadas localmente a las que se les dificultan los desplazamientos por muros legales y físicos, combinan los métodos panópticos de vigilancia generalizada de los espacios y los individuos con los métodos basados en la seducción por el consumo para conseguir el control social, exterior e interior, de los individuos.
Los cambios en el campo de la producción y del consumo son espectaculares. Sectores enteros de la economía, los ligados a los viajes, el turismo y la cultura por ejemplo, se han visto casi paralizados. Pero el consumo no para, lo único que hace es cambiar su forma. El dinero destinado a viajes se empieza a usar para arreglar las casas. Las compras por internet se han disparado.
Aunque parece que va disminuyendo el impacto de la pandemia, todos los informe solventes sobre la misma concuerdan en afirmar que vamos a tener que convivir durante mucho tiempo con este riesgo. Riesgo que por primera vez en la historia es verdaderamente global. La verdadera globalización no es pues la de las mercancías, ni la de los flujos financieros, sino la de la enfermedad y la muerte ,y frente a este problema el capitalismo se está mostrando incapaz de afrontarlo de forma adecuada. El mercado no puede gestionar una pandemia globalizada y de nuevo el Estado parece como la única arma eficaz para abordar este problema, actuando de nuevo como katechon, es decir como la única contención posible del Anticristo, el sin-ley, que se muestra ahora bajo la forma de virus letal.
Karl Schmitt , M. Cacciari y Paolo Virno entre otros ,han retomado esta vieja noción paulina de katechon para aplicarla al Estado moderno, que articularia la potestas del Imperio con la auctoritas de la Iglesia. Recordando el Apocalipsis, el Anticristo tiene que ser contenido e inmovilizado por la acción de un Rey salvífico, que con esta contención retrasa el final de esta era, pero su triunfo final parece incontenible; lo único bueno es que tras los mil años de dominio del Anticristo el Apocalipsis anunciaba, revelaba, (eso es lo que significa Apocalipsis: revelación), la parusía, la segunda venida de Cristo para gobernar sobre la creación ya de forma completa. La función del poder político en tanto que katechon es ambigua, ya que si por un lado contiene el triunfo del Anticristo, al hacerlo también retrasa la inminente segunda venida de Cristo, la parusía; es decir el triunfo completo de la redención. Esta contención del mal , este retraso del final de los tiempos, es lo que concede un cierto espesor ontológico a la historia y a la acción política, que no tendría sentido si dicha parusía fuera inminente, ya que supondría la devaluación de toda actividad humana ante la inminencia escatológica. El katechon, pues, no es propiamente una figura de lo divino sino más bien una fuerza secular que retiene y pospone el advenimiento definitivo de los divino. Esta noción de katechon permite concebir el poder político como la única fuerza capaz de bloquear, contener y retrasar la catástrofe, pero con la conciencia de que no puede asegurar su eliminación completa y, por lo tanto, una redención consumada de la humanidad. El poder político se mantiene cercano al mal que pretende contener y su orden precario no es capaz de controlar de forma total el desorden inherente a la esencial incompletitud antropológica del ser humano, y se mantiene próximo al caos que trata de conjurar. El katechon impide el fin del mundo y mantiene de esta forma la radical apertura definitoria del ser humano. En ese sentido, la política como katechon mantiene la apertura del mundo evitando su fin que se puede deber al triunfo total del mal o a la completa eliminación de éste a través de una redención que clausurara la apertura y la radical incompletitud del mundo y de la historia. Tanto el Anticristo como mal supremo, como la parusía o redención clausuradora de la historia , acabarían con la tensión constituyente del hombre y del mundo que los mantiene indecisos y constantemente abiertos a la novedad y al cambio , sometidos a la oscilación perpetua entre el bien y el mal, a un continuo diferir y errar, y precipitarían su fin. El poder político despliega sus poderes extraídos de las naturaleza, precisamente para limitar la negatividad potencial de las fuerzas naturales.
El problema para nosotros es que como no creemos posible esta reconciliación final, no nos queda más remedio que contener de forma indefinida al Anticristo para retrasar su dominio total y final. Es decir, que solo una acción coordinada entre los Estados será capaz de afrontar la actual pandemia y sobre todo la subsiguiente crisis económica y social que todas las instancias internacionales ya anuncian. Solo una noción del Estado basado en la solidaridad y en el bienestar de los ciudadanos, y no solo en la soberanía, puede estar a la altura de los desafíos por venir. Y esta solidaridad no solo ha de ser hacia el interior sino también hacia el exterior. La capacidad de contagio del virus y la imposibilidad de poner barreras a su difusión lleva a la conclusión de que la salvación de la humanidad ha de ser global. La inmunidad(de los individuos), lejos de ser algo a conseguir preservándose de la comunidad, necesita la colaboración de la comunidad para ser conseguida. De nada sirve vacunar a los ciudadanos de los países centrales si el contagio se mantiene en el resto de los países a cuyos habitantes es prácticamente imposible impedirles el movimiento hacia dichos países centrales.
El cansancio y la desesperación provocada por la pandemia augura el surgimiento de una etapa de conmociones sociales, cuyos primeros atisbos quizás estemos viendo ya en estos días. La falta de expectativas de los jóvenes y de las capas sociales y regiones marginadas por la globalización neoliberal puede explotar de forma violenta y solo una respuesta coordinada a nivel mundial que produzca una redistribución radical de la riqueza será capaz de hacer frente a estas amenazas. Ante la insuficiencia de los mecanismos de mercado para asegurar esta redistribución de la riqueza hay que desplegar una serie de estrategias coordinadas a nivel mundial entre las que el establecimiento de una renta básica universal e incondicional pasa a ser una de las medidas a implantar con urgencia.
Desde el punto de vista individual, la cercanía con la muerte y el recordatorio de nuestra esencial fragilidad y labilidad que nos ha traído la pandemia, por un lado nos deprime, pero por otro impulsa las ganas de vivir, aunque quizás con una forma de vida más mesurada, menos prometeica, menos dilapidadora. Una vida con los valores cambiados en los que la serenidad, la quietud, la lentitud, el reposo, la amistad, la lectura y la música ocupen más lugar. Incluso el viaje se ve de otra manera, ya que las dificultades de desplazamiento nos hacen valorar lo que tenemos en la proximidad en detrimento de horizontes más lejanos. Si esta inversión de valores fuera el resultado de la epidemia , no todo sería pérdida, pero me temo que la desmesura del capitalismo salvaje, individualista y egocéntrico que nos domina se imponga al final sobre estos pequeños atisbos de racionalidad serena y de sensualidad controlada cuya posibilidad ha despertado, tímidamente, la pandemia .
En conclusión, la pandemia actual ha puesto de relieve, con una claridad muy superior a la crisis financiera anterior, las dificultades de la actual globalización capitalista y los problemas difícilmente resolubles que se plantean a la actual gobernanza mundial en las condiciones del neoliberalismo. Las dos crisis han demostrado que el mercado por sí mismo es incapaz de mantener los equilibrios económicos y que es precisa una regulación política democrática y solidaria, nacional e internacional, de los conflictos. Y eso sin contar los problemas que el cambio climático empieza a poner sobre la mesa de forma cada vez más perentoria. Pero esa regulación estatal y supraestatal de los desequilibrios económicos y sociales no puede abordarse con una idea neoliberal de estado mínimo, basado en la mera soberanía, sino que supone un estado preocupado por preservar la vida en todos sus aspectos biológicos y culturales y por fomentar el bienestar físico y psíquico de sus ciudadanos, tanto a nivel nacional como supranacional. Desde el punto de vista de los sujetos, la crisis pandémica actual ha demostrado también que el tipo de sujeto dominante en nuestras sociedades con su egoísmo narcisista libre de todo compromiso comunitario no es el más adecuado para afrontar las exigencias de cuidados mutuos necesarios para asegurar la salud de todos los individuos en toda su amplitud, biológica y psíquica. Nuevas formas de política comunitaria y solidaria y de subjetividades comunicativas y cooperadoras son imprescindibles para hacer frente a los actuales desafíos de una pandemia que ha venido, de una u otra forma, para quedarse
La Cátedra Internacional de Investigación en Hermenéutica Crítica Hercritia ha celebrado por primera vez la entrega oficial de sus reconocimientos: la I Edición de los Premios Internacionales Hercritia-Santander “Hermenéutica en español: Teresa Oñate & Ángela Sierra”. Este premio anual nace con el objetivo de incentivar y reconocer la excelencia investigadora en Filosofía y Pensamiento Crítico de los más jóvenes: doctoras y doctores y alumnado de máster que hayan llevado a cabo sus Investigaciones en el curso académico anterior, haciéndose cargo de la perspectiva propia de la Ontología Hermenéutica Crítica escrita en español.
Teresa Oñate ha destacado la importancia de la creación de estos premios: “Insistiendo en que sin el apoyo material e institucional del reconocimiento público perdemos el sentido de la educación que consiste en el fin del maestro: ver al alumno enseñando”. En total, han sido 28 los trabajos concurrentes a esta primera edición, todos ellos de una extraordinaria calidad e interés filosófico-académicos, según la opinión de la Comisión de los Premios, que finalmente ha otorgado los dos primeros premios a Javier Leiva Bustos y Daniela León Gutiérrez.

Leiva Bustos ha recibido el Premio Teresa Oñate: Un Tiempo Estético. Ontología y Hermenéutica a la mejor Tesis Doctoral por el trabajo Una teoría del mal: acción, personalidad e instituciones malvadas (Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, dirección de Evaristo Prieto Navarro). En esta tesis elabora una teoría acerca del mal con el propósito de identificar sus causas, proporcionar una explicación detallada de lo que cabe entender por acciones, personalidades e instituciones malvadas, y reivindicar el papel de la filosofía en la lucha contra el mal. Este premio está dotado con 5.000€.
Al galardón han optado dieciséis tesis doctorales y se han entregado menciones honoríficas a Ana Meléndez Vivó por la tesis El concepto de trauma. Del campo psicoanalítico a la semántica histórica (Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Valencia, dirección de Faustino Oncina Coves y Nicolás Sánchez Durá); e Irene Ortiz Gala por la tesis La máquina antropológica. Límites de una singularidad impersonal (Facultad de Filosofía de la UAM, dirección de Gabriel Aranzueque Sahuquillo).

En cuanto a Daniela León Gutiérrez, ganadora del Premio Ángela Sierra González. La hermenéutica cambia el mundo al mejor Trabajo de Fin de Máster (TFM), presentó un estudio titulado Lo femenino como otro. Una lectura de la Recherche a partir de Simone de Beauvoir (Programa de Maestría y Doctorado en Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, tutor Mario Edmundo Chávez Tortolero). El premio está dotado con 3.000€.
A este galardón se han presentado doce trabajos y han merecido una mención honorífica Gonzalo Pérez Santoja por su trabajo La tradición monoteísta. Omnipotencia, imagen y ley (Máster en Filosofía de la Historia: Democracia y Orden Mundial de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAM, tutor Patxi Lanceros Méndez) y Camilo Vargas Guevara por Lenguaje y política: un acercamiento desde Gadamer y Rancière (Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, tutor Luis Eduardo Gama Barbosa).

La Comisión de los Premios ha estado conformada por: Rosa María Martín Aranda (presidenta y vicerrectora de Investigación, Transferencia del Conocimiento y Divulgación Científica de la UNED), Mariana de Blas (secretaria y jefa de Área de Investigación y Transferencia UNED) y Teresa Oñate Zubía (vocal y catedrática de Filosofía UNED e IP del Proyecto de Investigación HERCRITIA-Santander). Cada uno de los galardones ha contado con un Jurado* internacional de excelencia.
A la entrega oficial de los premios han asistido el rector de la UNED, Ricardo Mairal Usón; la vicerrectora Primera y de Investigación de la UNED, Rosa Mª Martín Aranda; el presidente de Hercritia, Ángel Gabilondo Pujol; y las codirectoras de Hercritia, Teresa Oñate y Zubía y Ángela Sierra González (ésta última, de forma virtual). Se ha contado también con la presencia de profesores e investigadores representantes de la Cátedra Hercritia auspiciada por: la UNED-España, ULL-Tenerife, UAM-Madrid, Università degli Studi di Torino-Italia, UNAM-México, ULPGC-Gran Canaria, Centro Studi Filosofico-religiosi Luigi Pareyson-Italia y el Centro de Estudios Interdisciplinares Latinoamericanos (CEILAM). Todo ello bajo las pertinentes medidas de distanciamiento, aforo e higiene que rigen respecto de la actual situación sanitaria
El jurado ha estado compuesto por : Adriano Fabris, Università di Pisa; Alba Jiménez Rodríguez, UCM; Antonio Pérez Quintana, Universidad de La Laguna; Bily López, Universidad Nacional Autónoma de México; Delia Manzanero, Universidad Rey Juan Carlos; Gaetano Chiurazzi, Università degli Studi di Torino; Irene Borges, Universidad de Évora; José Ordóñez García, Universidad de Sevilla; Rebeca Maldonado Rodriguera, Universidad Nacional Autónoma de México; y Tomás Domingo Moratalla, de la UNED.

Autor: Emilio Isidoro Giráldez
Director: Ismael Martínez Liébana
Tribunal: Rogelio Rovira (UCM), Juan José García Norro (UCM), Javier Aguirre (UPV), Salvador Más (UNED) y Teresa Oñate y Zubía (UNED).
Fecha y hora: 4 de febrero 2021, 16 h.
Universidad Complutense de Madrid
El aforo está limitado. Es posible la asistencia virtual al acto de lectura y defensa de la tesis aquí:
Por Begoña Fleitas

Gonzalo Pérez Santonja obtuvo el Grado de Filosofía, Política y Economía en la Universidad Carlos III de Madrid, realizando su primer año de estudios en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y especializándose, en los últimos cursos de carrera, en Filosofía y, en particular, en pensamiento judío. Realizó una estancia en Wesleyan University de Estados Unidos gracias al programa de Movilidad no europea de la propia Universidad Carlos III. Posteriormente, en la Universidad Autónoma de Madrid, cursó el Máster en Filosofía de la Historia.
En su TFM, que lleva por título “La tradición monoteísta: omnipotencia, imagen y ley”, se apoya en la obra de Freud y en la prohibición de las imágenes para objetar una de las tesis principales que sustentan la teoría de Jan Assman: que el monoteísmo judío supuso una negación del mundo a favor del espíritu. A partir de ahí, aborda la exigencia ética del monoteísmo, las relaciones entre violencia y ley, y la tensión entre performatividad y silencio presente en Franz Kafka y Arnold Schönberg.
¿Qué opinión te merece la labor que realiza la Cátedra de Investigación HERCRITIA y de qué manera crees que la Hermenéutica Crítica cambia el mundo?
La verdad es que conozco la Cátedra desde hace bien poco, pero sólo atendiendo al excelente elenco de académicas que formar parte de ella uno se hace a la idea de su envergadura e impacto a nivel nacional e internacional. La inusual combinación de rigor intelectual y libertad que muestran, así como su voluntad de moverse entre varias disciplinas y rescatar lo mejor de ellas, hacen que siempre merezca la pena estar al tanto de sus congresos, novedades editoriales y líneas de investigación en general. Por suerte, la difusión que tienen es bastante alta para el mundo de la filosofía. Hace poco pude ver a Teresa Oñate en la 2, presentando el volumen “Pandemia, Globalización, Ecología”, publicado recientemente por la UNED. Es maravilloso que un contenido tan interesante tenga ese nivel de difusión.
La Hermenéutica Crítica despega desde los pensadores más profundos y originales de nuestro tiempo, y alienta su espíritu transformador. No creo que esa transformación o cambio se dirija hacia el mundo como algo externo y separado del ser humano que forma parte de él. Más bien opino que los esfuerzos de la Hermenéutica Crítica van camino de afirmar el riesgo inherente a la idea de que la actividad de pensar se parezca a un fin en sí mismo. En todo caso, está claro que su labor enriquece la vida y la vuelve más interesante.
Tu TFM lleva por título “La tradición monoteísta: omnipotencia, imagen y ley”. ¿Cuál es el objetivo de tu investigación y cuáles son tus principales conclusiones?
El objetivo de mi investigación era discutir la tesis elaborada por el egiptólogo Jan Assmann según la cual el monoteísmo inicial necesitaba una renuncia al mundo de los sentidos, una negación del mundo, para encumbrar lo ético-espiritual. Para ello, y teniendo muy de cerca el trabajo de Sigmund Freud y sus intérpretes sobre Moisés y el judaísmo, he intentado ahondar en la dimensión teológico-política del monoteísmo inicial. Al hacerlo he descubierto que éste apuesta por una configuración del poder similar a la que se puede extraer del primer psicoanálisis, o, incluso, de las formas políticas republicanas.
Al extrapolar la omnipotencia divina a lo insondable, mediante la prohibición implícita de la supervivencia post-mortem (al menos a nivel individual, como rechazo a la figura del monarca soberbio) y la prohibición de la divinización de lo visual, el monoteísmo rechaza la posibilidad del poder absoluto entre los seres humanos, permitiendo una organización del poder “desde abajo”. A su vez, sienta las bases de la ciencia, en tanto se unifican las percepciones y se desencanta la naturaleza. Por otro lado, al rechazar el mundo cerrado del cosmoteísmo mediante la posibilidad de la creación, se apuesta por la libertad y la responsabilidad del ser humano, por la idea de que él también puede iniciar y ser responsable de sus actos.
En otras palabras, el monoteísmo rechaza las tentaciones fantasiosas (y apolíticas) hacia la omnipotencia y hacia la impotencia que están presenten en el ser humano, para inaugurar el terreno de lo intermedio, de la ley, de la responsabilidad y el lenguaje. Por ello, no niega el mundo, sino que pretende recuperarlo en su sentido más político, filtrado de tendencias de poder que percibe como nocivas. Lo interesante es que, a diferencia del republicanismo, lo hace incorporando todo tipo de historias míticas e “irracionales”, dando fe de la importancia de lo inconsciente, de aquello que no podemos controlar, también para la vida en común.
Si tuviera que resumir mis conclusiones de una forma sucinta, diría que el monoteísmo inicial sólo rechaza las ollas de Egipto, porque saben a esclavitud y tiranía, pero persigue la leche y la miel, que equipara con la constante revisión del interminable conflicto entre justicia y ley. En definitiva, busca afrontar el riesgo de la libertad sin miedos paralizantes ni fantasías narcisistas de poder absoluto.
En la reflexión final de tu trabajo planteas que actualmente nos encontramos en “un mundo carente de espiritualidad política” y que tal vez sea necesario “un nuevo momento monoteísta que expulse la omnipotencia del ámbito humano y promueva una vuelta de lo político”, ¿podrías explicarnos la base de tu crítica y en qué sentido consideras que ese “nuevo momento monoteísta” podría servir para recuperar la dimensión dialógica y pacífica de la política?
En mi trabajo tengo muy presente la dialéctica entre cosmoteísmo y monoteísmo que elabora Assmann, similar a la de otros autores que escinden el alma occidental entre lo griego y lo judío. De acuerdo con el alemán, el momento monoteísta supuso una ruptura tan fuerte con el sistema anterior que, desde entonces, la humanidad oscila entre una vuelta a las tradiciones anteriores y una recuperación del ideal monoteísta. Esta dialéctica se da al nivel de la memoria inconsciente y, teniendo evidentes carencias, me parece interesante para entender el momento presente. A mi juicio, desde hace unos años vivimos una vuelta al cosmoteísmo que está resultando sumamente dañina para lo político. No es que abogue por algo así como un monoteísmo estricto, pero creo que la balanza debe estar más equilibrada. Hoy en día vemos un aumento de las fantasías de omnipotencia e impotencia en el espacio público, una pérdida de lo común y desconfianza en la ciencia –todas ellas atribuibles a la desaparición de aquellos presupuestos monoteístas más políticamente constituyentes. Es muy posible que el aumento de las imágenes y su divinización hayan tenido mucho que ver con esta crisis. Pero no hay que olvidar que ella certifica a su vez el fracaso del tradicional sujeto político republicano-democrático, siempre adulto, independiente, masculino, sosegado, cisgénero y mentalmente estable. Es por ello que el republicanismo no parece una solución adecuada, y que quizá debamos recurrir a una especie de nuevo momento monoteísta, recuperando el problema de la relación con la trascendencia que, en el fondo, en tanto se refiere a lo insondable e incontrolable, no deja de ser el problema de la relación con lo inconsciente. Por desgracia, la creatividad necesaria para afrontar los grandes retos nihilistas del presente viene del mismo sitio donde residen las fantasías de poder antes mencionadas. Un nuevo monoteísmo podría instaurar un filtro de lo divino/inconsciente más políticamente creativo, que asuma que el ser humano no es, al fin y al cabo, tan independiente, controlado y racional; sino que las depresiones, obsesiones, enajenaciones, ilusiones y ensoñaciones forman parte de la vida y deben ser tenidas en cuenta por la política, si no queremos que la desafección y la apatía se extiendan sin remedio.
Por Begoña Fleitas

Irene Ortiz Gala es Doctora en Filosofía y Ciencias del Lenguaje por la Universidad Autónoma de Madrid. Su Tesis Doctoral obtuvo la calificación de summa cum laude y la mención internacional. Tanto sus estudios de Grado en Filosofía como su Máster Universitario en Crítica y Argumentación Filosófica fueron realizados igualmente en dicha universidad, en la que además ha estado colaborando en la docencia de varias asignaturas del Grado de Filosofía y en el Grado de Estudios Ingleses durante estos últimos cuatro años. Actualmente está cursando el Máster en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Murcia. Ha participado en diferentes congresos nacionales e internacionales, como The Academic Council on United Nations System (2018), North American Society for Social Philosophy (2017), Centro Superior de Investigaciones Científicas (2017), entre otros. Igualmente, ha publicado varios artículos científicos entre los que cabe citar: “ La teoría de la justicia: más allá de los límites nacionales” (2019) y “El quiasma de la igualibertad: la comunidad de Castoriadis. Cornelius Castoriadis: un filósofo para pensar el presente” (2020).
Su Tesis Doctoral, que lleva por título “La máquina antropológica. Límites de una singularidad personal”, se concentra sobre el desacuerdo entre algunos de los autores del pensamiento italiano contemporáneo en torno a qué características tiene que cumplir el ser humano para convertirse en un hombre sujeto de derechos. La propuesta presentada en este trabajo es que el dispositivo de ciudadanía, raramente examinado por los autores sobre los que versa la tesis, permite explicar la condición de exclusión-inclusiva de ciertas vidas.
¿Qué opinión te merece la labor que realiza la Cátedra de Investigación HERCRITIA y cómo crees que transforma la Hermenéutica Crítica el modo de entender y estar en la filosofía y en el mundo?
La labor de HERCRITIA como espacio que permite el encuentro de académicos de diferentes países es inestimable. En este sentido, creo que es su apertura lo que hace de HERCRITIA una rara avis. De esta apertura da cuenta el libro publicado a principios de septiembre, Pandemia, Globalización y Ecología, en el que tuve la suerte de participar acompañando a 33 investigadores más. Este tipo de iniciativas, que permiten el diálogo ente académicos que se encuentran lejos, especialmente durante esta pandemia, son muy necesarias para evitar el riesgo de caer en solipsismos poco fructíferos para el debate filosófico.
La hermenéutica crítica permite, por ejemplo, en análisis arqueológicos, entender no solo qué es lo que se ha dicho sobre un cierto dispositivo, sino también y, sobre todo, qué es lo que se ha callado. Me parece, pero no soy ninguna experta en la materia, que esos silencios o elipsis, sin embargo, también apuntan hacia un sentido que ha sido poco atendido y que puede ser crucial para entender el recorrido de un determinado dispositivo. Por tanto, creo que la hermenéutica no se dirige solo hacia el examen de las posibles interpretaciones de lo que se ha dicho o escrito, sino también hacia interpretar los saberes o discursos que han sido excluidos. Esto es extremadamente interesante porque muestra qué discursos han gozado del privilegio de ser escuchados, quién los enunciaba y cuál era el lugar que ocupaban en una comunidad.
Tu tesis lleva por título “La máquina antropológica. Límites de una singularidad impersonal”. ¿Cuál es la pregunta a partir de la cual se desarrolla tu investigación y cuáles son las principales conclusiones que has extraído?
La pregunta que da origen a este trabajo surge de la constatación de la captura de la vida que realiza el aparato jurídico y de la valoración posterior que se hace de las diferentes formas de vidas. Me interesaba, sobre todo, entender las consecuencias de ese cruce entre la vida y el derecho. Así, intenté examinar qué dispositivos operan para excluir ciertas vidas y sobre qué lógica se sustentan. Para ello me serví de lo que se ha llamado Italian Thought y, muy particularmente, de los autores que han centrado sus investigaciones en la biopolítica. Los trabajos de Agamben, Esposito y Di Cesare, pero no solo, fueron determinantes para ofrecerme un marco teórico en el que pensar cómo el dispositivo de la ciudadanía opera para producir exclusión y elaborar un análisis arqueológico de la figura del migrante. Como ha señalado Esposito, existe un cierto gusto en el pensamiento italiano de los últimos años por ese desdoblamiento de la mirada que se dirige, al mismo tiempo, a la actualidad más acuciante y a los dispositivos de larguísima duración. Este interés arqueológico fue el que me llevó a ampliar los horizontes de mi trabajo más allá de las obras publicadas en los últimos años y estudiar cómo ha sido narrada la ciudadanía desde su constitución como mito de autoctonía.
Las conclusiones a las que llegué, a grandes rasgos, se centraron en denunciar las consecuencias tanatopolíticas que acompañan a las políticas que se empeñan en mantener una distinción entre una vida biológica y una vida política, cultural y afectiva. Esta lógica dicotómica aparece perfectamente representada en el dispositivo de la ciudadanía, y por ello decidí dedicarle gran parte de mi investigación. El ciudadano se ha confundido con el hombre -porque a aquel se le reconocen los privilegios de participación política- y ha terminado por desplazar la humanidad de aquellos privados de ciudadanía. Esta conclusión me hizo proponer la única propuesta con la que me podía comprometer teóricamente y que sobrevuela todo el trabajo: la desactivación (inoperosità) de la ciudadanía.
¿Consideras que sería posible articular una fórmula filosófico-política que logre un total reconocimiento de aquellas personas a las que el aparato jurídico ha “despojado de la condición de ciudadanía y, en última instancia de la humanidad que le acompaña” –migrantes, apátridas, refugiados?
Creo que la figura del impersonal elaborada por Simone Weil, y que los autores italianos retoman, puede ser determinante para esta cuestión. Esta singularidad impersonal, como señaló Weil, se relaciona con la justicia y no entiende el lenguaje comercial del derecho. En este sentido, en lugar de pensar formas de inclusión a través del aparato jurídico -ya existen los odiosos procesos de naturalización-, de lo que se trata es de pensar fuera de él. Superar la gramática de la identidad y de la lógica dicotómica significa pensar un nuevo paradigma ontológico centrado en la forma-de-vida y en la protección de lo que Weil dijo que era sagrado, lo impersonal. Este impersonal nos lleva a pensar fuera del léxico político occidental, de la lógica dicotómica y del imponente edificio del derecho. Desde esta singularidad impersonal creo que sí se puede pensar el reconocimiento y la protección de todas las formas-de-vida, pero eso implica pensarlo fuera del derecho, lo cual no es una tarea fácil.
La singularidad impersonal es una potencia destituyente que ofrece la posibilidad de suspender esa máquina antropológica, que da título a mi trabajo, que produce, en primer lugar, la escisión de la vida. No obstante, me gustaría ser perfectamente clara: no creo que exista una traducción política directa, inmediata. Y, sin embargo, no me parece que esto invalide la reflexión sobre el impersonal. El potencial que ésta tiene reside, como ha señalado Agamben, en que, si se toma como juego, ilusiona (in-ludere), ofrece un espacio en el que pensar la destitución de los dispositivos de los que se sirve la máquina antropológica para producir exclusión.
¿Cuál es la puerta que deja abierta tu tesis a futuras investigaciones?
La constatación de la imposibilidad de hacer universal la condición de ciudadanía, por el carácter inmunitario y excluyente del derecho, me obligó a explorar la posibilidad de una reflexión fuera del derecho. Si la ciudadanía no puede desprenderse de su pretensión de constituirse como identidad colectiva y, por tanto, en contraposición con otra identidad a la que tiene que excluir para afirmarse, entonces hay que seguir buscando fórmulas filosóficas que permitan escapar de un dispositivo que produce la exclusión de millones de personas. Que esto pueda llevarse a cabo con la singularidad impersonal es algo que está por ver. Esta es la puerta que permanece abierta. Así, creo que la consecuencia lógica que se desprende de mi trabajo es continuar examinando si se puede desactivar, o por decirlo con Agamben, rendir inoperosa, la lógica dicotómica que produce la exclusión de ciertas vidas a partir del binomio ciudadano-migrante. Los trabajos de Daniel J. García López, de la Universidad de Granada, son un buen ejemplo de cómo puede pensar la filosofía que viene esta desactivación de la lógica dicotómica en el campo de la filosofía del derecho. El trabajo que dejo para el futuro, pero que creo que en realidad es un trabajo común de la filosofía que viene, es el de explorar si somos capaces de pensar, y llevar a la realidad política, una singularidad impersonal que no sea atrapada por la gramática del derecho. Así, dejo a esta figura impersonal la posibilidad de inspirar la realidad y nada más -o nada menos-.